El nacimiento del Avido es un testimonio de la fuerza que tiene la vinculación entre el sector académico y la industria privada en México. Este vehículo de tracción eléctrica es el resultado de más de dos años de riguroso trabajo de diseño, simulación y ensamble realizado por estudiantes de ingeniería mecánica del Instituto Tecnológico de Hermosillo (ITH), bajo la asesoría de sus docentes y en alianza clave con la empresa AUTOMAX.
Este proyecto, liderado por el joven estudiante nogalense Luis Fernando Fierros Sanvicente, comenzó como un desafío escolar en los talleres de diseño automotriz del ITH. Sin embargo, gracias al patrocinio e interés de AUTOMAX, el prototipo pudo materializarse con los estándares industriales necesarios. AUTOMAX no solo aportó recursos económicos, sino también experiencia en procesos de manufactura, soldadura de aluminio de grado aeronáutico e integración de trenes motrices eléctricos.
Este modelo colaborativo es precisamente lo que necesita México para acelerar la transición hacia el transporte sustentable. El propio gobierno federal ha planteado con el proyecto Olinia un esquema nacional donde universidades públicas y centros de investigación unan fuerzas para producir tecnología local. El éxito del Avido en Hermosillo sirve como un ejemplo viviente de que esta metodología es viable y sumamente productiva.
El desarrollo del Avido coloca a Sonora a la par de otras entidades que han impulsado sus propios desarrollos en el catálogo de Autos Eléctricos México. En Tlaxcala, la firma TT Automotriz ha demostrado que las empresas mexicanas pueden establecer sus propias líneas de ensamble. Asimismo, el estudio de alternativas globales como el Chengshi Matrix 01 ha permitido al equipo sonorense afinar detalles ergonómicos y de aerodinámica para lograr un producto de calidad mundial hecho con manos mexicanas.

